Invertir en conocimiento también es sembrar: el desafío de financiar la innovación agropecuaria

Cuando pensamos en el futuro del campo colombiano solemos hablar de semillas mejoradas, maquinaria, infraestructura o acceso a mercados. Sin embargo, existe un insumo igual de importante y muchas veces menos visible: la inversión en ciencia, tecnología e innovación (CTI).

Detrás de cada nueva variedad, de una solución para enfrentar el cambio climático, de una herramienta digital para apoyar la toma de decisiones o de una estrategia para reducir pérdidas poscosecha, hay años de investigación y recursos destinados a generar conocimiento. Sin inversión, el desarrollo tecnológico y la innovación simplemente no ocurren.

¿Por qué debería importarnos?

Porque la ciencia y la tecnología son factores determinantes para aumentar la productividad, mejorar la sostenibilidad y fortalecer la competitividad del sector agropecuario. Los países que han logrado transformar su agricultura tienen algo en común: han apostado de manera sostenida por la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación.

Brasil y China son dos ejemplos de cómo esta apuesta estratégica puede cambiar por completo el panorama agropecuario de una nación. Brasil convirtió el Cerrado —un suelo ácido e improductivo— en una de las despensas agrícolas más grandes del mundo gracias, en gran medida, al trabajo de Embrapa, su empresa pública de investigación agropecuaria fundada en 1973. Un estudio del NBER de 2025, estima que las inversiones en I+D de Embrapa aumentaron la productividad agrícola del país en un 110%, con una relación beneficio-costo de 27 reales brasileños (17 dólares) por cada real invertido (0,20 dólares). China ha transformado su agricultura a una escala sin precedentes, pasando de un sistema orientado a la subsistencia a ser un actor central en los mercados agrícolas globales, con una apuesta masiva por la I+D. El gasto en I+D agrícola en China se multiplicó por cinco entre 2000 y 2021, superando la inversión combinada de Estados Unidos, India y Brasil en el mismo período (Figura 1).

Figura 1. Gasto mundial total en I+D agroalimentaria, 1980-2021. Fuente: Pardey et al. (Nature 2025, doi.org/10.1038/d41586-025-03970-0)

La lección que no podemos olvidar:

La ciencia, la tecnología y la innovación (CTI) no es un gasto, es la inversión más rentable que un país puede hacer en su sector agropecuario.

Colombia cuenta con una red institucional compuesta por 146 entidades activas en CTI agropecuaria, capacidades científicas consolidadas, una infraestructura de investigación robusta, entre las que se encuentran 1.067 laboratorios vinculados al sector (70% en universidades y centros de investigación), 3.627 investigadores dedicados a I+D agropecuaria en 2023, de los cuales más del 63% posee formación de maestría o doctorado, así como múltiples instrumentos de financiación para el sector agropecuario como los fondos parafiscales y el Sistema General de Regalías (Ramírez et al., 2026). No obstante, los niveles de inversión siguen siendo insuficientes para responder a los desafíos actuales y futuros del sector.

Las cifras hablan por sí solas

Figura 2. Evolución de la inversión pública nacional en ACTI agropecuaria como proporción del PIB nacional y del PIB agropecuario, 2012-2023. (p) provisional; (pr) preliminar. Nota metodológica: Cifras expresadas en millones de pesos constantes de 2015. Esta metodología descuenta el efecto de la inflación (utilizando 2015 como año base de referencia). Fuente: AGROSAVIA & MADR. PECTIA 2025, Inversión y Financiamiento. https://hdl.handle.net/20.500.12324/41333

Los resultados de la actualización 2025 del componente de Inversión y Financiamiento del PECTIA muestran avances importantes, pero también retos que no podemos ignorar:

  • En 2023, la inversión pública en ACTI agropecuaria alcanzó $708.908 millones corrientes (USD 163,9 millones), equivalentes a solo el 0,51 % del PIB agropecuario. En capacidad de compra real esto equivale a $438.251 millones de 2015, como se aprecia en la Figura 1 donde se analizan los valores en pesos constantes para evaluar la evolución de la inversión pública nacional en ACTI agropecuaria.
  • La inversión pública en ACTI agropecuaria disminuyó en 2023 un 33,6 % frente a 2014.
  • La meta planteada para el sector es alcanzar niveles cercanos al 2 % del PIB agropecuario en inversión pública y otro 2 % en inversión privada, una brecha que aún está lejos de cerrarse.
  • La participación de la inversión privada sigue siendo limitada, representando solo el 16,45 % de la ejecución total en ACTI agropecuaria durante 2023.
  • Aunque la cooperación internacional aporta recursos valiosos, todavía representa apenas el 14,06 % del total ejecutado.

Más allá de los números, estas cifras evidencian una realidad: el conocimiento que necesita el campo para enfrentar desafíos como la variabilidad climática, la sostenibilidad, la seguridad y soberanía alimentaria y la competitividad requiere una inversión más robusta y diversificada.

El reto no es solo invertir más, sino invertir mejor

La buena noticia es que Colombia cuenta con instrumentos para financiar la innovación agropecuaria. Existen fondos, líneas de crédito, beneficios tributarios, mecanismos de cooperación internacional, programas de emprendimiento y recursos orientados a la investigación y al desarrollo tecnológico. Algunos de los instrumentos más relevantes son:

  • Fondo Francisco José de Caldas (MinCiencias): financia y cofinancia programas y proyectos de I+D+i, formación de talento especializado y fortalecimiento de capacidades científicas a través de convocatorias públicas y esquemas de cofinanciación.
  • Asignación para la CTI del SGR: destina el 10 % de los recursos de regalías a proyectos de CTI. Es el mecanismo principal para llevar recursos de innovación directamente a los departamentos y municipios (representando el 40,96 % de los recursos públicos ejecutados en ACTI agropecuaria durante 2023)
  • Beneficios Tributarios en CTI: otorga incentivos fiscales (crédito fiscal del 50 % o descuento tributario del 30 %) para estimular las inversiones del sector privado en proyectos de I+D+i calificados.
  • Sistema Nacional de Crédito Agropecuario (SNCA): coordina la política de crédito agropecuario a través de FINAGRO y el Banco Agrario.
  • Fondos parafiscales agropecuarios (Ley 101 de 1993): financian investigación y transferencia tecnológica en cadenas específicas a través de los gremios quienes los administran. En 2023 constituyeron la segunda fuente pública de inversión en ACTI (aportando el 20,19 %), con un liderazgo claro de los sectores palmero, hortifrutícola, arrocero y cacaotero.
  • SENA: ofrece formación técnica, Fondo Emprender, SENAINNOVA, SENA Emprende Rural, SENNOVA y Laboratorios Innovar.
  • FINAGRO: administra fondos e instrumentos de financiamiento como el FAG (Fondo Agropecuario de Garantías), FICR (Fondo de Inversiones de Capital de Riesgo, FMR (Fondo de Microfinanzas Rurales), FONSA (Fondo de Solidaridad Agropecuaria), PRAN (Programa de Reactivación Agropecuaria Nacional), ISA (Incentivo al Seguro Agropecuario), LEC (Línea Especial de Crédito).
  • Instrumentos de desarrollo territorial y desarrollo rural (PIDAR, FFA – Fondo de Fomento Agropecuario): cofinancian proyectos productivos integrales y el fortalecimiento de la infraestructura para la agricultura familiar y asociativa.
  • Instrumentos con enfoque de género e inclusión (FOMMUR – Fondo de microfinanzas para la mujer rural, Fondo Mujer): promueven el acceso al crédito, la financiación y la autonomía económica de las mujeres rurales.
  • Instrumentos de sostenibilidad y emprendimiento (FONAM – Fondo Nacional Ambiental, iNNpulsa, TeProyecta): apoyan proyectos de conservación ambiental, adaptación climática y el escalamiento de negocios agropecuarios de base tecnológica.

El desafío consiste en lograr que estos instrumentos trabajen de manera articulada, lleguen efectivamente a los territorios y respondan a las necesidades reales de productores, empresas, investigadores y demás actores del Sistema Nacional de Innovación Agropecuaria (SNIA) cuyo eje central es mejorar la productividad, competitividad y sostenibilidad del sector agropecuario colombiano, soportado en la investigación, el desarrollo tecnológico, la formación, la capacitación y la extensión agropecuaria.

Asimismo, implica fortalecer la participación del sector privado, aprovechar nuevas oportunidades de cooperación internacional y promover alianzas que permitan convertir el conocimiento en soluciones concretas para el campo.

Una hoja de ruta para actuar

La actualización 2025 del PECTIA propone acciones concretas para avanzar en esta dirección. Entre ellas se encuentran el fortalecimiento de los sistemas de seguimiento de la inversión en CTI agropecuaria —ámbito en el que el Observatorio de Ciencia, Tecnología e Innovación Agropecuaria (OCTIAGRO) ha desempeñado un papel importante mediante la recolección de información y el cálculo de indicadores de CTI—, así como la promoción de incentivos para movilizar inversión privada, el fortalecimiento de los mecanismos de cooperación internacional y el desarrollo de instrumentos financieros orientados a la innovación.

Estas estrategias no deben verse únicamente como metas institucionales. Son una invitación a que entidades públicas, empresas, gremios, academia, cooperantes y productores sumen esfuerzos para construir un SNIA más sólido y sostenible.

Sembrar hoy para cosechar mañana

La investigación agropecuaria no genera resultados inmediatos, pero sí produce los cambios que transforman los sistemas productivos en el largo plazo. Cada peso destinado a ciencia, tecnología e innovación puede traducirse en mejores prácticas productivas, mayor resiliencia frente al cambio climático, nuevos mercados y mejores oportunidades para las comunidades rurales.

Por eso, hablar de inversión en CTI agropecuaria no es hablar únicamente de recursos financieros. Es hablar de la capacidad del país para anticiparse a los desafíos del futuro y aprovechar las oportunidades que ofrece la innovación.

El reto es mantener y aumentar las inversiones, fortalecer los mecanismos de financiación existentes y convertir las estrategias propuestas en acciones concretas que generen impacto en los territorios.

Porque invertir en conocimiento no es un gasto. Es sembrar hoy las soluciones que el campo colombiano necesitará mañana.

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Fuentes

Akerman, A., Moscona, J., Pellegrina, H. S., & Sastry, K. (2025). Public R&D meets economic development: Embrapa and Brazil's agricultural revolution (NBER Working Paper No. 34213). National Bureau of Economic Research - NBER. https://doi.org/10.3386/w34213

Pardey, P.G., C. Chan-Kang, G-J. Stads, Y. Chai. J.M. Alston, J. Greyling, H. Muñoz. “Food Will be More Affordable — If We Double Funds for Agriculture Research Now.” Nature 648 (2025): 271-274, doi.org/10.1038/d41586-025-03970-0

Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA) & Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. (2025). Actualización Plan Estratégico de Ciencia, Tecnología e Innovación Agropecuaria – Pectia 2017-2027. Inversión y financiamiento. https://hdl.handle.net/20.500.12324/41333

Ramírez, A. M., Ortiz, S. A., Romero, F. A., Aguilar, Ó. E., & Uribe, C. P. (2026). Boletín de indicadores de ciencia, tecnología e innovación del sector agropecuario colombiano: Cifras 2023. Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (AGROSAVIA); Observatorio de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sector Agropecuario Colombiano (OCTIAGRO). https://hdl.handle.net/20.500.12324/36499

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Sobre la autora
Angélica María Ramírez Beltrán es ingeniera agroindustrial de la Universidad Nacional de Colombia y MBA de la Universidad de los Andes, con más de veinte años de experiencia en coordinación, gestión y evaluación de políticas, programas y proyectos de desarrollo. Actualmente es profesional de la Dirección de Planeación y Cooperación Institucional de AGROSAVIA y miembro del Observatorio de Ciencia, Tecnología e Innovación del Sector Agropecuario Colombiano (OCTIAGRO), donde lidera lineamientos de política pública y el levantamiento de indicadores de CTI agropecuaria.
amramirez@agrosavia.co

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